Javier Vázquez Delgado recomienda: Flash – El Juicio de Barry Allen

Edición original: The Flash núms. 337-350 USA .
Edición nacional/ España: ECC Ediciones.
Guion: Cary bates.
Dibujo:Carmine Infantino.
Entintado: Frank Mclaughlin, Joe Giella, Klaus Jackson.
Color: Carl Gafford.
Formato: Cartoné. 368 págs. A color.
Precio: 36,00 euros.
Esta reseña no deja de resultar irónica, pues llega con retraso cuando en sus páginas se narran las aventuras del hombre más rápido de la Tierra. Retraso motivado en primera instancia por la retirada de los ejemplares distribuidos con un error de imprenta y más tarde por la llegada del confinamiento. Y, sin embargo, era una reseña que no podía quedar en el olvido y perderse en la oleada de novedades, sino que merece ser rescatada por tarde que sea. Y por ello nos disculpamos humildemente por ello.
La historia que se narra en este tomo de ECC realmente no empieza en el número #337 de septiembre de 1984. En realidad, hay que remontarse hasta 1979, julio, para centrar la atención en el Flash #275, donde se muestra la muerte de Iris West por parte de Cary Bates en las labores de guion y de Alex Saviuk a los lápices. Y así se informa al lector de ello en el texto introductorio que firma Fran San Rafael. Una historia que tuvo repercusiones posteriores ya que Flash se pasa los meses siguientes buscando al culpable de la muerte de su amada. Pero no es lo mismo leer esto en forma de texto que poder leer la historia tal cual fue escrita. En USA se publicó un tomo Showcase (en blanco y negro) en 2011 que contenía los números #323-327,329-336 y 340-350, unas 592 páginas, que tampoco incluían el citado #275 ni posteriores, pero en cambio sí añadían a la recopilación otros números igualmente relevantes como los que vienen a continuación.
Fue en agosto de 1983, cuatro años más tarde de la muerte de Iris West, cuando Barry se iba a volver a casar con Fiona Webb, en el Flash #324, como se indica, de forma muy eficaz en el mismo texto introductorio de la obra. En dicho número, Flash, evitaba que el Profesor Zoom matara a su prometida rompiéndole el cuello en el proceso. Tal circunstancia desencadenó los acontecimientos narrados en el tomo de ECC que en USA se publicó entre septiembre 1984 a octubre de 1985… Y el mes de noviembre de 1985 llegó a las tiendas el número #8 de Crisis en Tierras Infinitas en el que Barry Allen, Flash, moría al sacrificarse de forma heroica al hacer fracasar el uno de los planes del Antimonitor.
Y en junio de 1987 se publicó el Flash #01, con guiones de Mike Baron y dibujos de Jackson Guice, en el que el Velocista Escarlata volvía a correr de nuevo, pero bajo su capucha ya no estaba Barry Allen, sino Wally West que llegaba dispuesto a hacer historia.
Hablar de esto antes siquiera de comentar lo que esta historia ofrece a los lectores, viene motivado, precisamente, por la falta de estos números en el tomo. Soñando, que es gratis y no implica riesgos editoriales, hubiera sido fantástico poder disponer de un tomo previo donde se hubiera recopilado el arco que empezó en el #275 (1979) y el que arrancó en el #324 (1983) de forma que en dos tomos se pudiera tener disponible estos tres momentos claves de la historia de Barry Allen como Flash y que determinaron, según cuentan, se acabara tomando la decisión de matarlo en Crisis. Un todo argumental e inédito en España, que hubiera cerrado una vieja herida en lo referente a tan importante personaje.
Tras esta larga introducción, toca poner el foco en la historia recopilada en este tomo, un clásico indiscutible del personaje, por mucho que se publicara a mediados de los años 80.
Cary Bates llevaba en la franquicia desde el #209, cuando con la ayuda de Carmine Infantino, que en su día se encargó de revitalizar el concepto de Flash en el mítico Showcase #04 (con el que dio inicio la Edad de plata), ponen en marcha la saga en la que Flash se debe someterse al peso de la justicia por la muerte de Zoom.
Bates pivota la historia en dos aspectos. El primero es el juicio como tal, su preparación, la elección de jurado, el trabajo de investigación de los letrados, así como el propio juicio, con los testimonios y las pruebas que han de acabar en un veredicto por parte del jurado. El segundo es desarrollar una trama paralela en la que Flash es sometido a una presión enorme por parte de su galería de villanos, introduciendo algunos nuevos, mientras reintroduce a otros con los que poder dar un golpe de efecto al conjunto. En resumen, acción al más puro estilo del género de esos años y una trama jurídica muy digna con la que mantiene al lector atento en todo momento y con la incertidumbre de cual podrá ser el desenlace para su protagonista.
DC ya se encontraba en plena transformación con la llegada de Crisis y su gestación entre los despachos estaba revolucionando por completo a la editorial. Llegaban tiempos de cambios, muy necesarios, con nuevos reenfoques, nuevos equipos creativos, nuevas series y en definitiva una nueva forma de hacer historias.
Bates no decepciona, pero tampoco apasiona. Su estilo y ritmo es eficaz y eficiente, de artesano con años y años de experiencia a las espaldas, pero también arrastra los tropos del oficio más impertinentes, como la reiteración de ideas y conceptos a lo largo de la historia. No es algo ajeno a obras que se desplazan toda una generación en el tiempo, pero es prudente mencionarlo para poder evitar sorpresas a posibles lectores acostumbrados a otra forma de narrar.
Los protagonistas se mueven con soltura por la trama y se muestran muy humanos, cercanos, con un enfoque algo simplista en algunas ocasiones, pues sus emociones parecen ser siempre una y no una mezcla de varias, como si ocurre en personajes sólidamente construidos. Es curioso comprobar como Flash es el que queda más desdibujado, más ajeno a todo, pues sus apariciones resultan tangenciales a la historia, siendo relevante tan solo en las últimas entregas.
Y aunque hay momentos en los que ocurren cosas que no acaba de ser plenamente explicadas, el conjunto de la trama, bajo el tratamiento de Bates, funciona bien y deja ver a la perfección el final de una época en el Universo DC, tanto en la ficción como editorialmente.
Esta sensación de ser una obra que marca un final viene reforzada por el trabajo que viene a realizar Carmine Infantino (que llegó a la serie en el #296). Su estilo es el de un dibujante con miles de páginas a sus espaldas, que hace un trabajo solvente, pero carente de alma en algunos momentos, fiel a una época y a una forma de narrar.
Sus diseños tecnológicos, la ropa que visten los personajes, la arquitectura, todo refleja a un dibujante conocedor de su oficio pero que comienza a adolecer de cierta rigidez y de algunos que otros errores anatómicos. Es como el ocaso de un equipo de ensueño. Es relevante señalar como las tintas de Klaus Jackson en las portadas añaden cierto toque de brutalismo a los lápices de Infantino, añadiendo la fuerza y carisma que adolecen en el interior con las tintas de Mclaughlin y Giella, siendo su mejor aportación la historia en la que Flash recuerda algunas aventuras con Kid Flash.
362 páginas de pura historia DC, que se leen con el cariño que despiertan este tipo de historias y que sabe a poco por no tener esos números claves previos que hubieran sido la guinda del pastel. Un trabajo disfrutable, muy de su tiempo, lleno de grandes momentos, que se ven coronados en esta edición con las fichas de los villanos y del propio Flash al estilo de las que publicaba DC por aquellos días. Un tomo imprescindible para todo aficionado al personaje, un pedazo de la historia de la editorial y uno de los momentos claves de Barry Allen antes de su desaparición en Crisis.
Y para otra ocasión ya hablaremos del regreso de Zoom y de Iris…
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